lunes, 4 de julio de 2011

SOBRE CÓMO REACTIVAR LA SEMILLA DEL CRISTIANISMO PRIMITIVO

   Los primeros cristianos habían cambiado de vida por puro y simple contagio del amor y de la libertad que había transformado radicalmente la forma de obrar de aquellos pocos testigos de quien “todo lo hizo bien” y dejó muy claro la pauta de acción para los comprometidos a continuar su obra: “se conocerá que sois discípulos míos en que os amaréis los unos a los otros”.
   Hasta entonces, en todos los aspectos de la vida social, privaba la ley del más fuerte que, normalmente, era un ser cuya obsesión principal era el vivir a costa de los demás, para lo cual procuraba  rodearse de seres no menos indignos que él mismo, uno y otros obsesionados por adormilar las voluntades del resto a base de medias verdades, falacias y animalescos recursos.
   De hecho, el Cristianismo vino a romper los esquemas de las viejas  relaciones sociales a base de revolver en el poso de la conciencia de las personas de buena voluntad; es así cómo poco a poco, generación tras generación,  el “grano de mostaza” se fue haciendo árbol hasta ahora, en que parece que se está agostando como tantas otras veces ha ocurrido a lo largo de la historia y a causa de distintas especies de enfermedad: apatía, fundamentalismo, ley del más fuerte, pedantería académica, conciencia burguesa, odio de clases, materialismo visceral o eso que se llama relativismo y podemos traducir por la desesperante e inconveniente estupidez de “nada es verdad ni mentira sino que todo es del color del cristal con que se mira”.
   Pues no: hay verdades como que la Tierra ofrece recursos para que nadie se muera de hambre y que son millones los que de ella mueren, que el progreso permite erradicar tantas y tantas enfermedades a solo de que se preocuparan de ello carísimas organizaciones internacionales “habilitadas al efecto”, que se desencadenan guerras por puro capricho o torticeras maniobras de distracción de algún poderoso o arribista de turno…, etc., etc... 
   Verdad también es que a ti y a mí nos corresponde la obligación moral de aportar lo que esté en nuestra mano para que a esos verdaderos problemas se enfrenten no menos verdaderas y efectivas soluciones. Para ello nos vienen a la memoria contundentes fórmulas cristianas como aquella de bueno esque aprendamos a sobresalir en la práctica de las buenas obras, atendiendo a las necesidades urgentes para que no sean inútiles” (Tito. 3,14):  ello se traducirá en que,  tal como se nos indica (1 Cor. 12,7…) cada uno aportará a la sociedad lo mejor de sí mismo generosa y libremente.  Y ya que de lo que se trata es de no perdernos por las ramas de la divagación e ir  a lo concreto, a los que vivimos por encima de nuestras necesidades  nos viene al pelo el recordatorio de uno de los Padres de la Iglesia: el pan que no comes, pertenece a los que tienen hambre, el vestido que no usas a los que tienen frío, etc., etc.,…
   Claro que depende de ti y  de mí hacer algo para que la cosa empiece a cambiar, desde el rincón en el que vives hasta la última frontera de la Aldea Global.

domingo, 3 de julio de 2011

LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD PERSONAL

  La reflexión, peculiaridad genuinamente humana, representa una clara superación del instinto. Por la reflexión, el ser evolucionado reacciona de forma única frente a situaciones o acosos de la realidad dirigidos en la misma medida a distintos individuos de su especie. Cuando, por virtud de la Evolución, la presión de la circunstancia motiva una respuesta personal, el individuo ha dejado de ser algo o elemento masa para convertirse en alguien.
  Para el hombre, ello es tanto como manifestarse "ser que reflexiona" o ser que. sin dejar de ser èl mismo, posee la virtud de sobrepasar el estricto ámbito del propio ser para reflejar en sí mismo lo otro, fenómeno que, en idea de Aristóteles, "es una forma de incluir en sí mismo todas las cosas".
Puesto que tal inclusión es de carácter absolutamente inmaterial, las cosas nada pierden de su propio ser en el acto de ser vistas o consideradas.
  Contrariamente a lo que sostienen algunos llamados materialistas, el conocimiento o "inclusión en sí mismo de todas las cosas" no es del carácter de la imagen proyectada por un espejo: presionan la conciencia del ser que reflexiona el cual, en razón de tal reflexión, posee la facultad de obrar de una u otra forma sobre las mismas cosas o no obrar en absoluto si así lo ha recomendado la consideración que implica el acto reflexivo o las propias cosas resultan inasequibles a la capacidad de acción del sujeto.
  Ello se explica porque, a continuación de incluir en sí mismo todo aquello que se presenta a su consideración, el homínido evolucionado ejercita la capacidad de optar por una de entre varias alternativas.
  Vemos cómo, acuciado por el hambre, el animal no racional percibe y ataca a su víctima, corteja y posee a su hembra, se defiende de las inclemencias de su entorno.... de un modo general y de acuerdo con el orden natural de las especies.
  No sucede lo mismo en el caso del homínido evolucionado: éste es capaz de superar cualquier llamada del instinto merced al acto reflexivo: la realidad inmediata, el análisis de anteriores experiencias, el recuerdo de un ser querido, la percepción de la debilidad o fuerza del enemigo, el conocimiento analítico de los propios recursos... le permiten la elección entre varias alternativas o, lo que es lo mismo, trazar un plan susceptible de reducir riesgos e incrementar ventajas.
  Gracias, pues, a su poder de reflexión el hombre usa de libertad para elegir entre varias alternativas de actuación concreta. Por supuesto que la elección más adecuada a su condición de hombre será aquella que mejor responda a las exigencias de la Realidad. Y la más positiva historia de los hombres será aquella jalonada por capítulos que hayan respondido más cumplidamente a la genuina vocación del Hombre: la humanización de su entorno por medio del Trabajo solidario con la suerte de los demás. Cuando ello se ejercita sin presión exterior, la Libertad resulta ser el soporte principal de la acción personal a favor del bienestar y progreso de la Comunidad y puede muy bien ser reconocida como “responsabilidad personal en acción”: es una Libertad Responsabilizante. (Tomado del libro "Civilización, Religión y Democracia en España" )